VIOLENCIA EN LA CIUDAD

ABRIL /2015


Hoy,  nuevamente como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, el sector del taxi ha sufrido la pérdida de un trabajador víctima de un feroz ataque en la vía pública por parte de delincuentes. La triste noticia nos golpeó a todos los integrantes de este sector y a la población en general.

En Montevideo la violencia es el tema del día y cada vez más frecuentemente las informaciones sobre ella trepan a la apertura de los noticieros centrales de la televisión o bien ocupan sus primeros tramos. Se habla mucho y pueden apreciarse dos clara zonas de consenso. Una es la del reclamo de que la violencia debe ser detenida sin demora. La otra dice que nadie hace nada o que nada de lo que se hace es efectivo.

Ambos consensos son acompañados por un claro disenso, es el que aparece a la hora de identificar causas: entonces surgen marcadas y subrayadas, feroces divergencias. Unos hablan de las carencias del sistema policial y otros enfatizan la decadencia económica y la degradación social. No faltan los que recuerdan los años de la dictadura. Hablando de causas, parece que cada uno trata de llevar agua para su propio molino, tanto que se menciona la necesidad de mejores sueldos y medios materiales para la policía. O se atribuye a la desocupación y la pobreza el auge de delincuencia, y de éstas, es claro, son culpables los políticos de los otros partidos.

En la teorización se percibe que cada uno encuentra una ocasión que aprovecha para sacar ventaja.  Es sabido que en estos años las políticas de los gobiernos hicieron que los ricos se hayan vuelto más ricos y los pobres más pobres. Por otro lado se sostiene que la violencia es fruto de la decadencia económica y de la degradación social. Existen miles de familias cuyos miembros, en apreciable proporción, han caído en el desempleo y se sostiene también que progresan sin pausa hacia la marginalidad. La población desempleada es puesta en el mismo canasto que los niños abandonados, el otro ingrediente de la marginalidad. Lo que resultó de todo eso fue el aumento del número de delincuentes y de la violencia. De allí entonces la mayor inseguridad de la población.

 La asociación íntima entre pobreza y delincuencia convence tanto a la derecha como a la izquierda y ambas concuerdan en la fortaleza de esa relación privilegiada. Para unos, el delito que comete el pobre es expresión de un malestar social del cual es culpable el sistema vigente, la delincuencia es un mal congénito del sistema que ellos proponen cambiar. En tanto para los otros, se trata de una relación congénita también, pero entre ser delincuente y ser pobre. En ambos casos el delincuente o el violento es un títere manejado desde la sombra, sea por la sociedad, sea por los genes. O lo que es casi lo mismo, dirigido por los hilos del destino

En los hechos, cualquiera que sea la inclinación política de alguien que sufre la violencia, cuando la sufre es más que probable que se olvide de sus ideas y se descubra enfrentado al sentimiento de ser víctima de alguna forma de delincuente nato; y que argumente con variantes de la tesis que sostiene que la "facha" lo dice todo. En ese momento no cabe la explicación socio-política, el afectado piensa inevitablemente en perversidad, en que es biológico, lo que funda la solución que su emoción le propone: que lo maten o que al menos lo hagan sufrir.

Según fuentes del Ministerio del Interior, el panorama en la calle es el siguiente: se constatan continuas resistencias armadas por parte de delincuentes a la Policía e, inclusive, en varias ocasiones han sido baleados móviles policiales.

En tanto, fuentes policiales indicaron que los delincuentes están más violentos y mejor armados y entendieron que ello se debe a las continuas pugnas de poder por "bocas" de ventas de drogas más que una preparación para enfrentar a la Policía capitalina. Indicaron que este incremento de la violencia por parte de la delincuencia se debe enfrentar con mejor equipamiento y preparación de los efectivos.

La violencia es un síntoma que proviene de innumerables condiciones sociales. No adelanta nada querer engañar. Cualquier iniciativa demanda tiempo, esfuerzo, recursos, competencia y claras intenciones. Pero a pesar de todas las dificultades, no hay quien no tenga preparada en su manga alguna solución y quien esté convencido de que si se aplicara, otro gallo cantaría. Todos saben qué es lo que debe hacerse, y todos apuntan a que el problema no es simple y requiere la aplicación de varias soluciones a la vez, por lo que las respuestas tocan varios puntos, lo que hace imposible clasificarlas. En lo que coincidimos es en que es una imperiosa necesidad, encontrar una salida al tema de la inseguridad y comenzar cuanto antes a tomar medidas drásticas que deberían imponerse a los culpables.

 

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