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Es verdad que algunas personas son extremadamente sensibles a los avatares de la vida, por lo cual cualquier acontecimiento que les suceda les puede proporcionar placer o un profundo dolor cuando se trata de adversidades que se les presenta en el camino.
La gente puede disfrutar mucho más de las alegrías si tiene a flor de piel su sensibilidad, pero sufrirá tremendamente cuando sea víctima de injusticias o injurias que puedan menoscabar su persona. Esta situación se agudiza cuando se ejerce “mobbing”, término que indica una situación en la que una persona presiona psicológicamente a otra en el ámbito laboral, utilizando el desprestigio y las injurias para minar las fuerzas de quien es víctima de este tipo de agresiones.
Actualmente, el hostigamiento permanente bajo formas diversas está siendo considerado como un delito en varios países del mundo. Inglaterra, Estados Unidos y España son algunos de los lugares donde ya se están recibiendo las denuncias de los afectados y procesando a los culpables de ejercer el llamado “mobbing” (hostigamiento a través de la violencia psicológica).
Lamentablemente, en nuestro país el desprestigio personal es una práctica bastante común y a raíz de la repercusión que este tema ha tenido en el ámbito internacional, muchas personas han declarado haber sido o ser en estos momentos víctimas de “mobbing”. Esto se aplica tanto en el ámbito individual como grupal y el agravio puede ser ejercido por integrantes del mismo grupo con la complicidad de otros.Las personas o grupos que practican este tipo de violencia psicológica o acoso sobre otra persona que es descalificada injustamente solo por el hecho de pensar o actuar de forma distinta al resto del grupo, merecen nuestro más profundo repudio. Al utilizar la injuria y las campañas de desprestigio personal, se demuestra un comportamiento patológico y censurable al mismo tiempo que perjudica no sólo a la víctima sino también al o a los victimarios. En definitiva, toda la sociedad puede ser contaminada con estos sucesos que, aunque nos cueste creerlo, acontecen frecuentemente en varios ámbitos de nuestra población.¿Cuál es el antídoto para este tipo de males sociales? Más allá de la denuncia pública que se puede hacer ante hechos tan deplorables, es en estos casos cuando más se necesita honestidad y coraje para enfrentar a los que nos pueden perjudicar con su acoso psicológico o sus campañas de desprestigio personal.
Los daños morales a veces son irreversibles, por eso hay que tener fuerza de carácter y una personalidad estructurada adecuadamente en sus aspectos esenciales, capaz de enfrentar las situaciones de riesgo sin perder su entereza moral.
Los valores éticos están en crisis y la carrera permanente que algunos emprenden para lograr bienes materiales, no les permite cultivar las reglas básicas de buena convivencia, demostrando una falta de respeto hacia el prójimo que perjudica las organizaciones o grupos a los cuales pertenecemos.
Todos tenemos un compromiso que cumplir: con nuestra familia, con nuestro entorno social y con nosotros mismos. Si no asumimos nuestra responsabilidad en forma honesta, sin perjudicar a otros, los logros materiales nunca alcanzarán para llenar el vacío espiritual ni saldarán la deuda que podemos contraer con nuestros semejantes por falta de ética y respeto. |
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