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¿Subo o no subo?
Cuando le haces señas a un taxi, y si por casualidad se detiene, allí empieza el problema.
Antes de ascender al mismo, hay que tener en cuenta que no aparezca otro taxista con deseos de reclamar el supuesto derecho al viaje. Y que por esa razón, el taxi que habías parado retome la marcha a toda velocidad. ¡¡Ah!!, y que no se te haya ocurrido la mala idea de agarrarte de la puerta porque te puede llevar de arrastro.
Salvado ese detalle menor, ahora ya puedes subir.
Una vez arriba, no te asombres si el conductor está de musculosa, shorts o zapatillas. No va camino a la playa, te llevará donde tú desees, siempre y cuando él esté de acuerdo con el viaje, porque si no le gusta la distancia a recorrer te puede decir que te bajes y vayas caminando porque él no hace “cogotes” (viajes cortos) aparte de decirte cualquier tipo de improperio.
Sí ¡créelo!
Da la impresión de que algunos “taxistas” creen que el recorrido del viaje debe estar a la altura de sus necesidades.
Una vez adentro, prepárate para cuando sepa que el viaje es corto y si tú ves que pone su mejor mala cara, agárrate fuerte porqué irá a toda velocidad, y al finalizar el “cogote” debes observar con atención la planilla porque también es muy probable que con el apuro se equivoque en el importe a cobrar.
Si el viaje es un poco más largo, “tal vez” no te encuentres con su mal genio, ¡bravo! Pero ahora baja la ventanilla porque es posible que encienda un cigarrillo, y trata de no molestarlo mientras conduce y a la vez envía mensajes de texto con su teléfono celular.
Yo me pregunto, ¿por qué?
¿Por qué cuando subimos a un taxi nos tenemos que encontrar con algunas de esas situaciones? ¿Por qué algunos taxistas visten musculosas, short y chancletas, fuman, toman mate, usan el teléfono celular mientras conducen?
¿Por qué debemos tolerar eso de un servicio público?
Waldemar. salinas
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