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El tiempo remedio infalible
En noviembre se cumplen tres años de aquella Asamblea Extraordinaria realizada por la directiva de CPATU donde se votó por mayoría la suspensión de socios (hecho que nunca se vio en los 82 años de vida de CPATU).
A tres años de aquella noche (donde luego se celebró con whisky y un lunch) que en el primer momento marcó a fuego mi persona, por la dimensión desmedida de dicha sanción, veo la situación desde otra perspectiva. Siento que mi conciencia está tranquila y puedo conciliar el sueño todas las noches. Me pregunto como estará la conciencia de aquellos colegas que me conocían y que realmente pudieron comprobar que no merecía dicha sanción e igualmente la votaron por “compromiso” o “intereses personales”.
Los motivos que, argumentados por la directiva en ese momento, NUNCA fueron probados legalmente y lo único que se consiguió fue la difamación pública de mi persona por hechos inexistentes, como podrán comprobar todos aquellos que me conocen, desde 1978 en el gremio del taxi, y han estado cerca en todas las gestiones y acciones que se llevaron a cabo durante el período que formé parte de la directiva de CPATU. Por tal motivo presenté un recurso ante la justicia.
Por mi forma de ser valoro en primer lugar a la familia, amigos y personas vinculadas en el ámbito laboral. Mi escala de valores me dicta una ética que claramente no tienen aquellos que me difamaron sin ningún tipo de escrúpulos y sin tener pruebas de lo que me acusaban en ese momento.
A modo de reflexión se me ocurre que tal vez dicha sanción me la adjudicaron con el fin de anularme y contrarrestar cualquier tipo de influencia que ellos creyeron que podía tener desde mi participación activa en la institución. Aún trataron de ir más allá ya que enviaron información de la sanción a todas las instituciones a las que estaba vinculada y formé parte de sus directivas. Hasta ese punto llegó la inescrupulosidad de los directivos de ese momento, quienes se lavaron las manos como Poncio Pilatos, dejando la decisión final a los socios presentes, que sin lugar a dudas muchos de ellos fueron “manipulados”.
Como expresé antes, mi escala de valores me permite ver más allá de la mezquindad de la que fui victima inocente. Con el correr del tiempo he tenido muchas satisfacciones a raíz de mi conducta y forma de ser, lo que me demuestra que estoy en el camino acertado.
Soy desde siempre una defensora de la justicia y también soy capaz de perdonar a los enemigos. Esa capacidad de perdonar no significa olvidar sino es recordar sin dolor. El recuerdo de esa triste circunstancia de mi vida no se borrará y ha servido para mi crecimiento personal y valorar más aún la amistad de aquellos que siguen creyendo en mí y me acompañan en mis actividades y comprenden que mí actitud independiente y batalladora tiene con que sustentarse y he dado prueba de ello.
Está demostrado que las presiones políticas no me amedrentan y por el contrario me fortalecen ya que cada vez que me enfrento a ese tipo de situaciones mi fuerza crece y mis convicciones son aún más claras.
En definitiva hay que tener en cuenta que el verdadero sentido de la vida está en saber disfrutarla, en valorar lo que tenemos (familia, amigos, trabajo…), y no darle tanta importancia a aquello que son simples mezquindades y errores de personas que evidentemente aún no han aprendido a vivir, están demasiado aferrados a lo material (propiedades, autos, joyas, etc.) y no piensan que la vida es corta, sólo tenemos el presente y lo que puede ayudarnos es la riqueza espiritual y nuestros buenos sentimientos.
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