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UN EJEMPLO DE SOLIDARIDAD

 

“Cuenta la leyenda que cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitosos y exquisitos. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca. Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.”

Ser solidario es ser caritativo, y ser, al mismo tiempo, desinteresado. Significa compartir la carga del otro.

Un ejemplo de solidaridad es lo que nos brinda la Sra. Divina Amado Morado de Silvar, quien nació el 03 de  febrero de 1938 en el municipio coruñés de Irixoa. A los tres meses de nacida muere su padre, Antonio Amado, y su madre, María Manuela Morada, se hace cargo de Divina y su hermana Fina que le lleva 14 años, pasando a residir en la aldea de Gulfar,  en el mismo municipio. Antes de cumplir 15 años Divina queda huérfana y es su tío José Morado, la que va a buscarla a la aldea, separándola de su hermana y trayéndola a Montevideo donde estudia pupila en el colegio de las hermanas de San Vicente de Paul en la Ciudad Vieja. Regresó a Galicia luego de tres años de permanencia en Uruguay y es asi que conoce a Manuel Silvar, un sastre que ya estaba haciendo los papeles para emigrar a Uruguay. Estaban por casarse y alquilar un apartamento en Ferrol cuando le llegó el permiso para entrar a Uruguay, y por el costo del trámite viajó él solo a Montevideo para luego reclamarla. De esta forma Divina fue reclamada dos veces en Uruguay, primero por su tío y luego por su marido, por lo que quiere a esta tierra de acogida como a la suya propia, pero ama a España, a su Galicia, que siempre en sus sueños confiesa está presente.

Tiene dos hijos y tres nietos, y también su familia se dividió entre Uruguay y España, sus nietos estudian allí desde hace más de 12 años donde vive su hijo mayor con su esposa, y aquí en Montevideo vive su hijo menor.

Su vida siempre estuvo vinculada a la colectividad española, en particular ayudando  a los más necesitados, siendo de las primeras emigrantes jóvenes en dar una mano a aquel grupo de mujeres y hombres españoles que  residían en la primera casa del Hogar Español en la esquina de avenida Millán y Sayago. Recuerda en el libro “El protagonismo de la mujer en las corrientes migratorias españolas” que “un año después que se inaugurara el Hogar Español, tuve que pelearme con algunos hombres de la directiva porque había una viejita gallega ciega que vivía sola y no querían que fuera al Hogar porque no veía nada”. Finalmente logró que la tomaran debiendo amenazar a los más intransigentes en denunciar esa negativa en la revista Cartas de España”.Luego integraría por más de cuatro décadas la Comisión de Damas o de Apoyo al Hogar Español, siendo una de las primeras mujeres en integrar la directiva de la institución.

Integró varias Asambleas Representativas de Casa de Galicia, así como también hace más de diez años que pertenece a la Comisión de Beneficencia donde visita, junto a sus compañeros y compañeras, a los emigrantes que están pasando necesidades para poder subvencionar la cuota mutual, o hasta llegar a tener que rescatar algunos de ellos de una situación inhumana para llevarlos al Hogar Español.

Aquellos que tenemos el honor de conocerla podemos afirmar que pocas personas de la colectividad española han hecho tanto por los españoles carenciados, dando lo mejor de sí, su tiempo y todo su cariño. Consideramos que las virtudes de la Sra. Divina Amado la hacen merecedora de nuestra más profunda admiración y es un verdadero ejemplo por sus valores morales y su espíritu solidario que debería cultivarse en nuestra sociedad, sobre todo entre los màs jóvenes para hacer este mundo un poco mejor.

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