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¿Somos realmente Solidarios?

 

Hoy  en día, en el mundo muchas personas se rigen por lo material y han dejado de lado la solidaridad, cayendo en el individualismo y principalmente en el egoísmo ¿Cuántas veces hemos hecho oídos sordos ante situaciones adversas para otras personas? O ¿Cuantas veces hemos rechazado una mano que pedía ayuda? ¿Somos realmente solidarios?


Los sucesos que últimamente se han presentado en el mundo hace inevitable recordar el significado de la palabra solidaridad.

En  la ciencia del Derecho, se habla de que algo o alguien es solidario, sólo entendiendo a éste dentro de «un conjunto jurídicamente homogéneo de personas o bienes que integran un todo unitario, en el que resultan iguales las partes desde el punto de vista de la consideración civil o penal». Dentro de una persona jurídica, se entiende que sus socios son solidarios cuando todos son individualmente responsables por la totalidad de las obligaciones. Para el derecho, la solidaridad implica una relación de responsabilidad compartida, de obligación conjunta.


¿Cuántas veces hemos dicho ser solidarios? A veces uno cae en la glorificación de palabras vagas, eso no debe ser así. Uno dice que ayuda al pobre, pero ¿que pobre? La pobreza es carencia de algo, no solo de lo material como la mayoría de nosotros pensamos, si no de lo espiritual. A veces una sonrisa o gesto vale más que el dinero, muchas personas están hoy en estado de abandono y necesitan nuestra compañía y no solo hablo de abuelitos, si no de adultos y jóvenes.

Es por esto que la solidaridad debe ser desarrollada y promovida en todos sus ámbitos y en cada una de sus escalas. La solidaridad debe mirar tanto por el prójimo más cercano como por el hermano más distante, puesto que todos formamos parte de la misma realidad de la naturaleza humana en la tierra.

La solidaridad es una palabra de unión. Es la señal inequívoca de que todos los hombres, de cualquier condición, se dan cuenta de que no están solos, y de que no pueden vivir solos, porque el hombre, como es, social por naturaleza, no puede prescindir de sus iguales; no puede alejarse de las personas e intentar desarrollar sus capacidades de manera independiente.

La solidaridad, por tanto, se desprende de la naturaleza misma de la persona humana. El hombre, social por naturaleza, debe de llegar a ser, razonada su sociabilidad, solidario por esa misma naturaleza. "La palabra solidaridad reúne y expresa nuestras esperanzas plenas de inquietud, sirve de estímulo a la fortaleza y el pensamiento, es símbolo de unión para hombres que hasta ayer estaban alejados entre sí". Es la solidaridad el modo natural en que se refleja la sociabilidad: ¿para qué somos sociales si no es para compartir las cargas, para ayudarnos, para crecer juntos? Como ya veremos, la solidaridad es algo justo y natural; no es tarea de santos, de virtuosos, de ascetas, de monjes, de políticos; es tarea de hombres.

Es también muy claro en el estudio de la solidaridad que este concepto no pertenece exclusivamente a la doctrina cristiana. La solidaridad, como hemos dicho, es una necesidad universal, connatural a todos los hombres.

¿Qué significa ser solidarios? Significa compartir la carga de los demás. Ningún hombre es una isla. Estamos unidos, incluso cuando no somos conscientes de esa unidad. Nos une el paisaje, nos unen la carne y la sangre, nos unen el trabajo y la lengua que hablamos.

Sin embargo, no siempre nos damos cuenta de esos vínculos. Cuando nace la solidaridad se despierta la conciencia, y aparecen entonces el lenguaje y la palabra. En ese instante sale a la luz todo lo que antes estaba escondido. Lo que nos une se hace visible para todos. Y entonces el hombre carga sus espaldas con el peso del otro. La solidaridad habla, llama, grita, afronta el sacrificio. Así es que la carga del prójimo se hace a menudo más grande que la nuestra y a pesar de eso,  nos alegramos de poder ayudar de alguna manera a otra persona que lo necesita. A la vuelta del camino, podemos ser nosotros los que necesitamos  de una mano generosa que nos tienda un puente salvador.                   

 

 Esperanza Pereira

  

 

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