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Las dificultades nos fortalecen
A fines del 2010 me tocó vivir unos de los momentos más difíciles de mí vida, ya que fui difamada a través de acusaciones sin fundamentos en las que querían mostrarme como una persona deshonesta capaz de perjudicar a nuestra institución por apropiación indebida. A partir de esa fecha he sido perseguida por la actual directiva, que aún sin pruebas (en la asamblea General Ordinaria de agosto de 2011 el presidente informó que la auditoria no había encontrado situación de dolo), fueron capaces de dirigirse a otras instituciones a las cuales pertenezco, con el fin de difamarme y ensuciar mi imagen como persona y como directiva.
Actualmente sigue vigente esa situación, a un año de una asamblea donde algunos colegas inducidos por la directiva y sin pruebas concretas, me sancionó y perjudicó moralmente. ¿Con qué propósito? ¿Será para anularme las posibilidades de la postulación política? ¿Será como una medida ejemplarizante para crear temor y evitar que otros socios hagan política en otras filas? ¿Tanto “temor” me tienen? ¿Hasta donde puede llegar la irracionalidad de una persona con una conducta déspota? Estas y otras preguntas me sigo haciendo, porque no encuentro una explicación valedera para justificar todo el daño que me ha causado esta campaña de difamación, llevada a cabo por la actual directiva de CPATU.
De todos estos acontecimientos ha pasado un año y aún continúan las afrentas involucrando a mi familia con juicios de valores que también dañan y perjudican. ¿Pero de que nos sorprendemos?
Las personas pueden ser juzgadas por sus acciones y considero que todos los que me conocen, tanto en el plano laboral como personal saben que somos una familia de trabajo, honesta y que lo que hemos conseguido ha sido gracias al esfuerzo, al respeto y una filosofía de vida que nos vienen de nuestros antepasados, quienes no inculcaron valores morales que son nuestra mayor riqueza.
Con todo lo sucedido debo confesar que me he sentido muy defraudada, pero al mismo tiempo, me siento segura de lo que soy, de mi identidad y, fundamentalmente tengo mi conciencia muy tranquila porque nunca me he desviado de la corrección que me caracteriza y afortunadamente he recibido el apoyo de todos aquellos que están seguros también de mi honestidad a toda prueba.
Estoy convencida que tarde o temprano aquellas personas que obraron de mala fe serán juzgadas como corresponde y estarán obligados a rectificar sus dichos a través de la resolución de la justicia. En este caso me refiero a la justicia de los hombres porque la justicia divina llegará seguramente para “cobrar” las malas acciones de quienes tanto daño han hecho a mí y a mí familia.
En esta época del año en que de una u otra forma todos hacemos un balance, creo que lo sucedido me ha servido para valorar lo que la vida me ha brindado y al mismo tiempo me ha fortalecido para seguir adelante, con la misma actitud de persona de bien, segura de sus principios, sin necesidad de ser obsecuente o permisiva, para obtener “regalías” o beneficios personales, que no provengan del esfuerzo familiar. Así seguiré con la mirada puesta en el futuro, que sé que será promisorio junto a mis seres queridos.
Les deseo a todos mis colegas y a sus familias unas FELICES FIESTAS y que se cumplan todos sus sueños.
Esperanza Pereira
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