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El compromiso de ser mejores personas

 

Empezamos el 2009 y con él, nos acompañan nuestros deseos de que sea un año exitoso. A pesar de que como diría Juana de Arco, la cosa está que arde, y el tema de la crisis causa mucho nerviosismo, creo que el éxito de cada uno de nosotros es un concepto bastante más profundo que cualquier crisis económica.

 

Para iniciar este año con fuerza, nada mejor que revisar lo que nos planteamos para el 2008 y si logramos conseguir nuestros principales objetivos personales. ¿Cuáles fueron? Probablemente ni siquiera nos acordemos, o lo que es peor, lo relacionemos al aspecto económico y veamos si nuestra cuenta de ahorros se ha incrementado o ha disminuido.

 

Gestión de lo imperfecto

Es natural que muchos sueños, metas y objetivos no se hayan cumplido por nosotros mismos y por razones ajenas a nuestro desempeño. Y este es uno de los primeros temas en los que vale la pena detenerse. ¿Cómo manejar la realidad que tenemos?  Es decir, como gestionar en el trabajo, en la vida personal, en la familia, en lo social, nuestros temas del día a día que son imperfectos, y como ser exitoso con ellos.

 

Hoy en día tiene una singular importancia  centrarnos en los secretos para ser felices y exitosos, pero ¿qué pasa cuando nos equivocamos? ¿cuándo no todo es perfecto? ¿Será que hemos fracasado, o que el éxito nunca llegará? Todo depende de la definición de éxito de cada uno. Considero que tengo éxito cuando me doy al máximo por un objetivo que me he planteado, independientemente de que salga bien o no. Con lo irresoluble tenemos que llevarnos bien, hay que pactar, hay que divertirse y no sufrir. No juguemos a denunciar todo lo que no funciona, por el contrario, aprendamos a gestionar lo imperfecto, a saber llevar las contrariedades del trabajo y de la vida en general con paciencia, sabiendo que todo siempre pasa por algo y es para bien.

 

Éxito, cuestión de esfuerzo

Creo que  en el fondo el éxito y la felicidad que todos perseguimos no es cuestión de suerte, es cuestión de esfuerzo.

 

Es necesario planificar, implementar, controlar, aprender de los errores, porfiar y perseverar, para luego dejar que venga la “suerte”, ya que normalmente ésta se suele aparecer cuando se han hecho bien todos los pasos previos y cuando uno se esfuerza, y trabaja bien y a conciencia.

 

El éxito verdadero cuesta, y cuesta mucho, viene disfrazado en muchos casos de lucha, de esfuerzo, de sufrimiento y dolor. Aunque nos cueste aceptarlo, la realidad y el pasado confirman que todo lo que vale cuesta, lo que fácil llega, fácil se va. A los que buscan las cosas fáciles, o que se creen con suerte para conseguirlas sin esfuerzo, la vida les pasa la factura, tarde o temprano.

 

Normalmente son exitosos aquellos que aprenden a perder, que aceptan la derrota, dicen que sólo se equivoca el que decide. Si sólo hay trabajo en la vida, ésta se convierte en sinónimo de estrés, angustia, pero si no lo hay, si se quiere ahorrar esfuerzo y sudor, es muy complicado que llegue la paz y la satisfacción de haberse dado por el todo, y por ende de conseguir la anhelada paz interna, concepto muy similar al éxito.

 

Un buen profesional es aquel que no está centrado en el concepto de “ganador” y “perdedor”. Hoy puedo ser campeón, soy todo un ganador y mi ego “engorda”, pero mañana pierdo y me deprimo. El concepto de éxito tiene que basarse en algo más profundo. ¿Quién define el éxito? Si lo define tu cuenta de ahorros, tu posición en la empresa, o tu lugar en el campeonato te vas a deprimir. Pero si tú mismo eres quien define el éxito, ya las cosas cambian.

 

Donde está la felicidad y donde no está

Ser exitosos en la vida implica ser y vivir felices. ¿Nos hemos dado cuenta de lo que está atrás de conceptos como la “buena vida” y la “vida buena”? Son frases parecidas pero con conceptos diametralmente opuestos.

 

El primero se refiere más a los placeres de esta vida, los cuales, no tienen en sí nada de malo, por el contrario, son muy buenos, siempre y cuando se utilicen de forma correcta. Sin embargo, lo malo está en darles un valor superior al que realmente tienen y pensar que pueden dar mucho más felicidad de la que realmente dan. Y es que en esta vida los placeres ni bien empiezan, ya están acabando, y cuando son malos o ilícitos dejan un sabor amargo muy difícil de borrar en la conciencia. Hay una tendencia por buscar la felicidad a granel en cosas que no pueden darla.

 

En contraposición con la buena vida, tenemos la frase, la vida buena, la cual se refiere más a lo que nos hará realmente felices, pero una felicidad que no se basa en carcajadas, puede que el rostro permanezca serio o aun sufriente, pero sabemos que hacemos lo correcto, y estamos felices de ello. La felicidad es el sentimiento mas íntimo de hacer en cada momento lo que se debe. Bien dicen que para encontrar la verdadera felicidad no hace falta una vida cómoda sino un corazón enamorado y es que el secreto para ser feliz no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.

 

Muchos se sienten desgraciados, precisamente por tener demasiado de todo. Nosotros en cambio, si queremos ser realmente felices, podemos pasar incomodidades, calor, fatiga, frío, pero no nos faltará la alegría si hacemos lo que nos corresponda  hacer a cada uno en su estado, un estudiante que realmente estudia a conciencia, un trabajador que hace las cosas a la perfección, un padre de familia que se preocupa por la formación, el bienestar y la salud de su familia, un deportista que se esfuerza por ser el mejor, etc. El esfuerzo es una de las actividades que más recompensan y generan felicidad. Ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro.

 

Las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todo, sólo saben sacar lo mejor de lo que encuentran en su camino. Las otras, ponen más interés en hacer creer a las demás que son felices que en tratar de serlo. Muchas veces

        

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