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EL ESPIRITU NAVIDEÑO

Aunque  en los últimos tiempos los uruguayos nos hemos convertido en personas muy escépticas, cuando se aproxima la Navidad de una u otra forma nos sentimos diferentes. La ilusión se renueva a pesar de las crisis y las frustraciones.

 

Claro que muchas cosas ya forman parte del pasado glorioso: la mesa familiar exhibiendo una selección de los más variados alimentos (lechón, cordero, asado, tortas varias, etc.); las botellas de bebida “espirituosa” desde el  champagne de pura cepa hasta la humilde “sidra”; y tantos otros detalles que marcaban la “abundancia” propia de una fecha tan significativa y tradicional. Actualmente, solo los hogares más privilegiados pueden disponer del dinero suficiente para tanto despliegue gastronómico.

 

El típico árbol de Navidad cargado de regalos (para papá, mamá, los nenes, los abuelos y hasta sobrinos y algún otro pariente) ha cambiado su fisonomía. A falta de regalos, lo llenamos de globos de colores y guirnaldas que disimilan en cierta forma los espacios que antes destinábamos a las cajitas con obsequios para la familia.

 

También en el área afectiva ha cambiado nuestro comportamiento. Antes, después de las doce a nuestra casa llegaban los vecinos para intercambiar saludos y compartían con nosotros la mesa navideña.  Hoy en día, casi ni conocemos a nuestros vecinos o no tenemos una relación mayor que la de un simple saludo.  Y como los integrantes de la familia llevan una vida independiente, los más jóvenes se van a pasear con sus amigos y los más veteranos, cansados de mirarse entre sí  añorando tiempos mejores, terminan por irse a la cama bien  temprano.

 

 Es verdad que no somos los mismos de antes, es verdad que a muchos de nosotros con el correr de los años la vida nos ha endurecido a fuerza de golpes. Sin embargo el espíritu navideño debe seguir acompañándonos con su hermoso mensaje de Amor y de Paz. Porque en realidad, lo que más importa en esta época no es tanto si tenemos o no bienes materiales o si la plata alcanza para comprar dulces y bebidas sino que, de alguna forma renovemos nuestra confianza en el ser humano,  comprometiéndonos de corazón a ser mejores personas, que eso es en definitiva lo que nos conduce al crecimiento. En la medida que todos tratemos de reconciliarnos con nosotros mismos y con los seres que nos rodean, el espíritu navideño hará su gran obra: logrará unirnos en el amor y en la tolerancia.- 

 

A todos los colegas, lectores, colaboradores  hacemos llegar nuestros sinceros deseos de felicidad para esta Navidad y nuestro anhelo de que el Año Nuevo nos encuentre juntos en un mismo camino de proyectos y concreciones.-

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