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URUGUAYOS NOSTALGIOSOS
El pasado 24 de agosto en Uruguay se volvió a vivir “La noche de la nostalgia”.
¿En que otro lugar del mundo sino en nuestro país podía haberse “institucionalizado” la nostalgia, ya que siempre estamos recordando lo que fuimos en el pasado y las glorias que obtuvimos en el fútbol(la década del 50, el campeonato mundial), los tiempos en que fuimos catalogados “la Suiza de América”, el lugar que muchos emigrantes eligieron como segunda patria y ayudaron a su vez a convertir a este país en lo que hoy es?.
Es verdad que no debemos olvidar nuestras raíces y nuestra historia para poder construir un presente y un futuro sólido. Sin embargo, cuando ese apego al pasado se convierte en una nostalgia permanente por lo que vivimos y damos por perdido, esta actitud nos impide seguir desarrollándonos y evolucionando en una época de permanentes cambios que necesitan comportamientos diferentes, más flexibles para poder adaptarse a las nuevas circunstancias.
Más allá de lo anecdótico de la noche de la nostalgia en la que desempolvamos los viejos trajes y vestidos de la década del 60, 70 y 80, las discotecas hacen sonar la música de aquellos tiempos y los bailarines se sacan chispas al recordar tiempos que para algunos fueron mejores. Con el correr de los años este verdadero fenómeno social, se ha convertido en un gran negocio comercial, pues se logra poner en movimiento todos los lugares que organizan reuniones y eventos relacionados con esta fecha, se contratan músicos y artistas de todo tipo, el gran negocio de la gastronomía está en todo su esplendor y los “avezados” organizadores se regodean con satisfacción al ver tanta gente interesada en participar de una fiesta que ya ha trascendido fronteras.
¿Es verdad que todo tiempo pasado fue mejor? ¿Para quién? ¿Cómo podemos clasificar en forma genérica que fue mejor?
Para quienes tenemos diferentes inquietudes nuestro pasado tiene su importancia en la medida que hayamos vivido ese momento como lo sentíamos pero no estamos de acuerdo en continuar haciendo un verdadero “culto” de la nostalgia que no nos permite actuar en forma dinámica en el presente para marcar las metas de nuestro futuro que aspiramos a que sea mejor que el pasado.
Sin duda la noche de la nostalgia es a esta altura un hecho irreversible aunque deberíamos tomarla sólo por esa noche como una fiesta divertida retomando al día siguiente el ritmo que la actualidad exige.
La nostalgia tiene un alto precio cuando nos “anclamos” en el pasado y no nos permitimos seguir el ritmo de la vida que es cambiante y que siempre tiene algo mejor que nos permita crecer como seres humanos y como nación.
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